8 de febrero de 2021

Reflexión: ¿Hacia una sociedad de la ignorancia?

 Lunes, 8 de febrero.                                                                                                              

Fernando T. Romero*

Si observamos el panorama actual de la sociedad y nos fijamos en algunos acontecimientos recientes en nuestro país, relacionados con la conveniencia de algunos de residir en Andorra, podríamos describir algunos episodios como realmente surrealistas.
Si malo es que estemos regidos por algunos ignorantes, peor aún es que exista algo parecido al “culto al inculto”, es decir, al deliberadamente zoquete. Esta actitud ha encontrado su hábitat ideal en Internet, donde la estupidez no sólo es un defecto, sino que ha logrado convertirse en virtud.
Como ha escrito Carmen Posadas, “basta, por ejemplo, con echar un vistazo a la lista de los youtubers que más dinero ingresan para comprobar que ninguna de estas personas (que algunas ganan millones de euros al año) tienen un vocabulario que sobrepase medio centenar de palabras”.
Y continúa la reconocida escritora: “Lo único que se requiere en esta profesión es una variedad en los tacos, con los que adobar la labia, a la que luego conviene añadir una muletilla del tipo “si, bro, dale bro”; pero ¡ojo!, que nunca pase de tres sílabas”.
Nada de eso debería tener la menor importancia, ya que ignorantes mayúsculos y felices de serlo, han existido siempre. Lo que ocurre es que vivimos en una sociedad regida por las leyes de la oferta y la demanda que obvia los contenidos.
Antes, hace todavía pocos años, cuando tener una formación y unos conocimientos estaba considerado un ascensor social, la gente se interesaba o fingía interesarse por la cultura. Ahora ocurre al revés: una persona culta es sólo un raro, un asocial, un perdedor.
Por eso, hoy, cuando se pregunta a los niños qué quieren ser de mayores, pocos dicen ya que quieren ser ingeniero, médico, arqueólogo, matemático o investigador. La respuesta más común hoy en día es: quiero ser influencer. 
Nada más natural. ¿Qué necesidad hay de romperse los cuernos estudiando si uno se puede ganar la vida divinamente haciendo “el tonto”?
Todo esto recuerda cierto meme que circuló durante el confinamiento por la pandemia de la Covid-19. Decía así: “Menos mal que hubo una generación que quiso estudiar y tenemos epidemiólogos. ¿Se imaginan otra pandemia dentro de unos años con youtubers, influencers y tiktokers tratando de salvar el mundo?”
Evidentemente, lo planteado es una exageración, pero esta sociedad de la ignorancia se está extendiendo y cada vez tiene más adeptos. Y, además, con consecuencias en el mapa político nacional. 
Sería interesante una reflexión sobre esta realidad de nuestro tiempo.