Jueves, 26 de febrero.
Prensa AgüimesLa Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Agüimes celebra hoy, a las 19:00 horas, en la Casa Museo Orlando Hernández el acto conmemorativo del 500 aniversario del fallecimiento de la princesa aborigen Catalina Hernández Guadarteme, una de las vecinas ilustres que tuvo temporalmente nuestro municipio, y una de las mujeres más significativas de la historia insular.
El encuentro, con entrada gratuita hasta completar el aforo disponible, contará con la participación del doctor en Filosfía y Letras (sección Historia) por la Universidad de La Laguna (Tenerife), Manuel Lobo, y el profesor y escritor Faneque Hernández, quienes ofrecerán una disertación sobre la vida de Catalina Hernández Guadarteme las circunstancias que la llevaron a pasar sus últimos días en Agüimes.
Además, el acto conmemorativo ofrecerá también la proyección del audiovisual "Catalina Hernández, princesa canaria", producido por El Museo Canario.
De esta manera, el Ayuntamiento de Agüimes pretence contribuir a profundizar en el conocimiento de Catalina Hernández Guadarteme, figura esencial de la historia de Canarias y de Agüimes que falleció en nuestro municipio, donde dictó testamento en 1526, un episodio clave del proceso histórico que transformó la isla a finales del siglo XV y comienzos del XVI.
El periodista Gaumet Florido escribe en Canarias7:
Vio la luz en un alcázar, pero sus huesos descansan, anónimos, bajo una plaza. Nació cristiana y en tierra castellana, pero era de padres indígenas. Fue princesa, era de familia real y, sin embargo, se crio en una corte que no era la suya. Y no reinó, pero tuvo el privilegio de poder repudiar a sus maridos y no pagar impuestos. Son algunas de las singularidades que definen a Catalina Hernández Guadarteme, hija del mítico último rey de la Gran Canaria indígena, Fernando Guanarteme. A finales de este mes se cumplen 500 años de su muerte, en 1526, y Agüimes, donde la peste acabó con su vida, prepara un programa de actos para recordar esta singular efeméride.
El catedrático emérito de Historia Moderna y exrector de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, Manuel Lobo, y el investigador, genealogista y catedrático de instituto de Geografía e Historia, Faneque Hernández, dos de las personas que más han contribuido a arrojar algo de luz sobre esta noble indígena, protagonizarán un acto en su memoria este jueves, a partir de las 19.00 horas, en la Casa-Museo Orlando Hernández.
Lobo la rescató del olvido, de casualidad, en 1978, mientras buscaba documentación para su tesis doctoral en el Archivo Histórico Provincial, cuando estaba en su antigua sede de la Casa de Colón. Y Hernández, que desveló que su madre fue Abenchara Chambeneder, bautizada como Juana Hernández, la ha convertido en protagonista de varios trabajos literarios, en prosa, poesía y teatro. Los dos compartirán esfuerzos este año para sacarla del ostracismo simbólico en el que lleva relegada 500 años.
«Fue por la tarde, revisaba protocolos notariales del siglo XVI en Gran Canaria cuando me encuentro con un testamento que me llamó la atención, porque cuando comienzo a leerlo veo que pone 'Catalina Hernández, hija que fui de don Fernando Guanarteme, último rey que fue de esta isla'», cuenta Lobo. No fueron sus ojos los primeros que vieron aquel legajo. Ya estuvo en manos de otros prestigiosos historiadores, de siglos anteriores, pero la confundieron con otra Catalina, también princesa, Arminda Masequera.
«Pensaron que era su prima, Catalina de Guzmán, la indígena principal, la hija del guanarteme bueno, la heredera de Gran Canaria». Pero no. La que figura en el testamento hallado por Lobo es otra Catalina, la hija de Fernando Guanarteme. ¿Y por qué es tan desconocida? Porque no figura en las crónicas de la conquista. «Solo tenemos la versión de los conquistadores; los indígenas contaron muy poco».
La pista que alumbró el hallazgo fue el nombre del marido. En el testamento figuraba un tal Blas Rodríguez, al que su mujer, moribunda, le había otorgado un poder el 17 de febrero de aquel 1526. No podía ser Catalina de Guzmán, porque esta se casó con Hernando de Guzmán, mientras que la otra Catalina, la protagonista de esta efeméride, había tenido tres maridos, Blas y al menos otros dos. Pero es que, añade Lobo, existe un documento posterior, de 1528, en el que hay una declaración que hizo en vida Catalina de Guzmán.
En ese mismo testamento se dice que falleció en Agüimes en 1526, pero nació muy lejos de Gran Canaria, en Córdoba, el 30 de septiembre de 1482. ¿Por qué? Porque allí fue llevada su madre, la mujer de Fernando Guanarteme, Abenchara Chambeneder, la llamada reina de Canaria, tras ser raptada en la isla por las huestes castellanas. Lobo ya apuntó en su día que la Catalina del testamento podía ser la hija de la reina de Canaria que menciona el profesor Miguel Ángel Ladero en su 'Cuentas de la conquista de Gran Canaria'. Y poco después Faneque Hernández, atando cabos, no solo confirmó esa identificación, sino que acreditó que esa reina de Canaria a la que alude la documentación investigada por Ladero era Abenchara.
Cuenta Faneque Hernández que estaba embarazada cuando fue raptada y llevada al Alcázar de los Reyes Cristianos, en Córdoba, donde entonces estaban los Reyes Católicos y donde hoy en día un relieve del escultor Facundo Fierro recuerda aquella estancia. Por eso fue allí donde nació Catalina. Aquel secuestro motivó entonces que Fernando, deseoso de recuperar a su mujer y a la hija que esperaba, «pactara su entrega», por lo que, como defienden Hernández y Lobo, «no fue realmente capturado».
Culminada la conquista de la isla, en verano de 1483, viajó a Córdoba y se las trajo de vuelta a Gran Canaria, pero apenas unos años después, sobre 1487, viajó otra vez a la corte católica con sus dos hijas, Margarita, la mayor, y Catalina, de solo cuatro o cinco años, y «logró que le aceptaran a la pequeña como menina de María», de la misma edad, la hija de los Reyes Católicos que acabó de reina de Portugal.
Allá estuvo hasta que con 17 o 18 años regresó a la isla de sus padres y se instaló en Gáldar, cerca de sus primas, también de la élite indígena, Catalina de Guzmán, que era la señora de la isla, y Luisa Bethencourt, la indígena Tenesoya. «Fue un personaje que rompió esquemas en su época, porque, entre otras cosas, y pese a ser cristiana -subraya Lobo- se le permitió conservar costumbres indígenas como el repudio a los maridos o la exención en el pago de impuestos». De hecho, tuvo tres esposos y no solo porque enviudara. Primero con Pedro de Vega, que se hacía llamar el Rey, porque, claro, su mujer era de linaje real. Con él tuvo tres hijos: Bastiana Mayor y Luis y Juan de Vega. Lo repudió y contrajo matrimonio con Hernán o Adán de Acedo, con el que tuvo a María, Violante, Juana y Pedro. Tras fallecer este, se casó con el mestizo Blas Rodríguez.
¿Y por qué acabó en Agüimes? Porque la muerte la pilla en casa de su prima Ana Hernández, hija de Fernán de Canaria, hermano de Abenchara. Era muy devota y estaba recorriendo la isla pidiendo limosna para ermitas, parte de las cuales usó para su sustento pues estaba pasando penurias económicas. De hecho, según Hernández, antes de salir de Gáldar vendió su casa a tributo, es decir, le hacían un pago anual hasta completar la compra.
En Agüimes enfermó de peste y falleció a los 43 años, y fue enterrada en la primitiva iglesia de San Sebastián, que estaba donde ahora está la plaza del Rosario. «Calculamos que debió ser a finales de febrero o principios de marzo, porque cuando otorgó el poder a su marido para testar debía estar lúcida y el escribano Juan Berriel acudió a su casa el 17 de febrero», detalla Faneque Hernández. Su marido dictó luego testamento en su nombre, ya en Gáldar, el 10 de abril.
Parte de su vida la ha glosado Hernández en varias obras. Primero, en verso, en romance, con su ópera prima 'La Reina de Canaria', en 2010, en referencia a su madre. En 2014 publicó la novela 'Abenchara'; en 2016 la obra teatral 'Réquiem por Catalina Hernández', y finalmente, más reciente, en 2024, 'Tres dramas con nombre de mujer', que incluye la pieza dramática 'Palabras para Juana', que recrea a Catalina, en su lecho de muerte, escribiendo una carta de despedida a su madre, la reina de Canaria, Juana-Abenchara, que vive en Tenerife. De hecho, el audiovisual de esta obra se proyectará mañana, por gentileza de El Museo Canario, como cierre del acto.
Quizás tras esta efeméride Catalina deje de ser una gran desconocida y los vecinos de Agüimes la identifiquen, por fin, con la escultura que la recuerda en el casco, en la plaza de San Antón, que, por cierto, está vinculada a una placa errónea, que la llama Masequera.