El Centro de la Cultura Popular Canaria entregará mañana sus Premios San Borondón-2009, que han recaído en la escritora agüimense Pepa Aurora, la luchadora en el ámbito político, sindical y social, Mery Pita, en el defensor de la solidaridad y la democracia participativa, Carmelo Ramírez, y en el grupo de música popular canaria Los Granjeros.
Pepa Aurora, Josefa Aurora Rodríguez Silvera, ha dedicado toda su vida al campo de la enseñanza, al que supo darle un aire de renovación rompiendo los viejos moldes de la enseñanza tradicional y aplicando un método que, a través del mundo cercano, podía llegar a conceptos universales, o en sus publicaciones y múltiples encuentros, presentaciones, narraciones, investigación y recuperación de la narrativa popular, siempre con un objetivo permanente: el mundo de los niños.
Hija de D. Antonio Rodríguez Artiles, natural de Agüimes, y de Doña Rita Silvera Espino, con casi todas sus raíces en Ingenio, nace Pepa Aurora en los años de la posguerra, siendo la primogénita de cinco hermanos, a la que le siguen Chano, Rita, Aurora, Paqui y Montse.
Ya desde los cuatro años asiste a la escuela de Doña Paca, pasando luego a la escuela de Doña Ana Artiles, en La Ladera, y de allí, a la escuela de Doña Felicita Rodríguez, en una vieja casona construida por la Sociedad de Pastos en la calle Nueva, pasando posteriormente al colegio Carmelita de Agüimes.
En ésta época nace su afición a la literatuta. Es una ávida lectora de tebeos, pulgarcitos, revistas de hadas y todos aquellos héroes como el Jabato y el Capitán Trueno, que gestaron su mundo de fantasía y misterio y que fueron base posterior para su universo creativo, junto al cine de las aventuras del oeste, de piratas o de machanguitos, al que acudía las tardes de domingo.
A sus aficiones por los juegos de la época, sus juegos en el cuarto, que más tarde supo recopilar en uno de sus innumerables trabajos, se suma su pasión por los relatos de Anita Artiles, aquella mujer llena de misticismo y santidad, también de D. José Pérez, el cura ciego, lleno de sabiduría y humildad y extremamente culto... y de Juanito Nuez, autodidacta labrador, poeta satírico burlesco y de D. Bartolomé Hernández, con una infinita memoria que, sin duda, influyó en la inspiración de sus fururas creaciones... y su madre, que supo transmitirle la magia del cuento.
A hurtadillas visita la biblioteca escolar, donde entra en contacto con la más grande de sus pasiones: la literatura. Ávidamente lee y conoce a los más famosos novelistas y poetas de todos los tiempos en publicaciones, muchas de ellas, prohibidas e inasequibles para los niños como eran Benito Pérez Galdós (sobre todo sentía gran admiración por el personaje de Marianela), Vicente Blasco Ibáñez, la generación del 27 (Alberti y Lorca), o clásicos como Homero... Todo ello, antes de cumplir los diez añitos.
Como la mayoría de los estudiantes de la época, estudia bachillerato libre, en lo que fue la más grande institución académica autogestionada del Ingenio de todas las épocas, la Academia Nuestra Señora de Candelaria, fundada por aquel inolvidable maestro peninsular, amante de Ingenio, que fue D. Raimundo Gutiérrez del Moral, en un vetusto edificio hoy inexistente de Los Molinillos, a finales de los años cincuenta y que pasó posteriormente a la plaza en una casa de dos plantas frente al Ayuntamiento.
En el año 1962, su familia se traslada a vivir a Escaleritas, en Las Palmas de Gran Canaria. Completa el Bachillerato Superior e inicia los estudios de Magisterio, haciendo el último año de forma oficial en la Escuela Normal de Magisterio, donde acaba la carrera a mediados de la década de los sesenta.
Atraída desde el primer momento por el campo de la enseñanza, funda y trabaja en el Colegio Tenesor, en la Plaza de la Feria, allá por los años 1966-67, haciendo lo propio un año más tarde en Casablanca. Por los años 1968-69 adquiere un piso en ese lugar, donde vive junto a su abuelo materno. Trabaja en estos colegios y, animada por su abuelo, y ante la necesidad de asegurarse su futuro, se presenta a las oposiciones al Magisterio en 1970. Aprobadas las mismas, traspasa los colegios e inicia una nueva etapa profesional a la que va a dedicar mucho tiempo de su dilatada y fructífera acción pedagógica.
Como propietaria provisional le asigan una escuela en El Tablero. Es la época en que conoce a D. Jesús Santana Suárez, con el que contrae matrimonio en abril de 1972. Ya con destino definitivo trabaja en Calderín y en Fuerteventura. En Calderín y luego en San Fernando de Maspalomas (Maspalomas 1 y Maspalomas 2). En esta época ya ha sabido dar luz a sus innovaciones pedagógicas aprovechando los elementos de nuestra cultura aborigen, flora y fauna, personajes y vivencias, que llegaban de manera más inmediata a la mente infantil que los farragosos contenidos de los libros de texto. En 1980 pasa a Arguineguín, que sería, en el futuro, su segunda patria. Motivado por la enfermedad de su hijo, se ve obligada a trasladarse a Fuerteventura, donde permanece durante dos años.
En su etapa en el Colegio Artemi Semidán, durante cinco años ejerció de Directora del centro, a pesar de no ser para ella una tarea muy grata.
Brillante narradora oral, en sus narraciones utiliza un lenguaje cotidiano que contribuye a que los niños entiendan mejor todos sus mensajes. Su lenguaje escrito está caracterizado por la utilización de muchos recursos literarios que le dan un toque personal a sus cuentos. En ambos, recupera el habla tradicional y enriquece la tradición popular transformándolos en arte al alcance de los más pequeños.
Con múltiples reconocimientos, homenajes y distinciones, Pepa Aurora es una incansable trabajadora, de pluma fluida y exquisita humanidad. Acude a cuantas charlas, presentaciones, eventos, festejos, homenajes, manifestaciones culturales es invitada, desde el último rincón de cualquier barrio a las distintas islas de nuestro archipiélago.
Hija de D. Antonio Rodríguez Artiles, natural de Agüimes, y de Doña Rita Silvera Espino, con casi todas sus raíces en Ingenio, nace Pepa Aurora en los años de la posguerra, siendo la primogénita de cinco hermanos, a la que le siguen Chano, Rita, Aurora, Paqui y Montse.
Ya desde los cuatro años asiste a la escuela de Doña Paca, pasando luego a la escuela de Doña Ana Artiles, en La Ladera, y de allí, a la escuela de Doña Felicita Rodríguez, en una vieja casona construida por la Sociedad de Pastos en la calle Nueva, pasando posteriormente al colegio Carmelita de Agüimes.
En ésta época nace su afición a la literatuta. Es una ávida lectora de tebeos, pulgarcitos, revistas de hadas y todos aquellos héroes como el Jabato y el Capitán Trueno, que gestaron su mundo de fantasía y misterio y que fueron base posterior para su universo creativo, junto al cine de las aventuras del oeste, de piratas o de machanguitos, al que acudía las tardes de domingo.
A sus aficiones por los juegos de la época, sus juegos en el cuarto, que más tarde supo recopilar en uno de sus innumerables trabajos, se suma su pasión por los relatos de Anita Artiles, aquella mujer llena de misticismo y santidad, también de D. José Pérez, el cura ciego, lleno de sabiduría y humildad y extremamente culto... y de Juanito Nuez, autodidacta labrador, poeta satírico burlesco y de D. Bartolomé Hernández, con una infinita memoria que, sin duda, influyó en la inspiración de sus fururas creaciones... y su madre, que supo transmitirle la magia del cuento.
A hurtadillas visita la biblioteca escolar, donde entra en contacto con la más grande de sus pasiones: la literatura. Ávidamente lee y conoce a los más famosos novelistas y poetas de todos los tiempos en publicaciones, muchas de ellas, prohibidas e inasequibles para los niños como eran Benito Pérez Galdós (sobre todo sentía gran admiración por el personaje de Marianela), Vicente Blasco Ibáñez, la generación del 27 (Alberti y Lorca), o clásicos como Homero... Todo ello, antes de cumplir los diez añitos.
Como la mayoría de los estudiantes de la época, estudia bachillerato libre, en lo que fue la más grande institución académica autogestionada del Ingenio de todas las épocas, la Academia Nuestra Señora de Candelaria, fundada por aquel inolvidable maestro peninsular, amante de Ingenio, que fue D. Raimundo Gutiérrez del Moral, en un vetusto edificio hoy inexistente de Los Molinillos, a finales de los años cincuenta y que pasó posteriormente a la plaza en una casa de dos plantas frente al Ayuntamiento.
En el año 1962, su familia se traslada a vivir a Escaleritas, en Las Palmas de Gran Canaria. Completa el Bachillerato Superior e inicia los estudios de Magisterio, haciendo el último año de forma oficial en la Escuela Normal de Magisterio, donde acaba la carrera a mediados de la década de los sesenta.
Atraída desde el primer momento por el campo de la enseñanza, funda y trabaja en el Colegio Tenesor, en la Plaza de la Feria, allá por los años 1966-67, haciendo lo propio un año más tarde en Casablanca. Por los años 1968-69 adquiere un piso en ese lugar, donde vive junto a su abuelo materno. Trabaja en estos colegios y, animada por su abuelo, y ante la necesidad de asegurarse su futuro, se presenta a las oposiciones al Magisterio en 1970. Aprobadas las mismas, traspasa los colegios e inicia una nueva etapa profesional a la que va a dedicar mucho tiempo de su dilatada y fructífera acción pedagógica.
Como propietaria provisional le asigan una escuela en El Tablero. Es la época en que conoce a D. Jesús Santana Suárez, con el que contrae matrimonio en abril de 1972. Ya con destino definitivo trabaja en Calderín y en Fuerteventura. En Calderín y luego en San Fernando de Maspalomas (Maspalomas 1 y Maspalomas 2). En esta época ya ha sabido dar luz a sus innovaciones pedagógicas aprovechando los elementos de nuestra cultura aborigen, flora y fauna, personajes y vivencias, que llegaban de manera más inmediata a la mente infantil que los farragosos contenidos de los libros de texto. En 1980 pasa a Arguineguín, que sería, en el futuro, su segunda patria. Motivado por la enfermedad de su hijo, se ve obligada a trasladarse a Fuerteventura, donde permanece durante dos años.
En su etapa en el Colegio Artemi Semidán, durante cinco años ejerció de Directora del centro, a pesar de no ser para ella una tarea muy grata.
Brillante narradora oral, en sus narraciones utiliza un lenguaje cotidiano que contribuye a que los niños entiendan mejor todos sus mensajes. Su lenguaje escrito está caracterizado por la utilización de muchos recursos literarios que le dan un toque personal a sus cuentos. En ambos, recupera el habla tradicional y enriquece la tradición popular transformándolos en arte al alcance de los más pequeños.
Con múltiples reconocimientos, homenajes y distinciones, Pepa Aurora es una incansable trabajadora, de pluma fluida y exquisita humanidad. Acude a cuantas charlas, presentaciones, eventos, festejos, homenajes, manifestaciones culturales es invitada, desde el último rincón de cualquier barrio a las distintas islas de nuestro archipiélago.
Fotografía: Pepa Aurora, en su domicilio de Arguineguín, en una imagen de archivo (Top Canarias).
