Viernes, 11 de abril.
Fernando T. Romero
Durante el mes de abril de cada año, se celebra con diferentes actos (ferias, exposiciones, firmas y presentaciones bibliográficas) la efeméride del Día del Libro. Con tal motivo, recordamos que hace algunos años, un programa cultural de cierto éxito en TVE tenía como lema: “Todo está en los libros”. Las obras de Platón, Aristóteles, Séneca, Dante, Cervantes, Newton, Kant, Darwin, Baudelaire, Wilde, Marx, Einstein, Picasso, etc., constituyen nuestra tradición cultural. El mundo se basa en la trayectoria histórica del ser humano: en sus saberes y tradiciones. Por tanto, no hay humanidad fuera de la tradición, porque sólo construyendo sobre la tradición es posible la civilización.
Es lo contrario de lo que piensan algunos “modernos”, surgidos al amparo de las nuevas tecnologías que, de forma osada y sin reparo alguno, niegan autoridad a los libros. Incluso, hay algunos que alardean orgullosamente de no haber leído un libro en su vida. ¡Qué patético! Menos mal que otros los han leído por ellos.
Lo que se cuece en Silicon Valley (E.E. U.U.) y en lugares similares del resto del mundo está introduciendo novedosas e importantes herramientas y técnicas de trabajo que están revolucionando todos los sectores laborales y sociales. Nos referimos al propio ChatGPT y otros muchos modelos de IA.
Todo eso, ya está cambiando nuestra vida al facilitar enormemente nuestro trabajo cotidiano. Pero algunos individuos insaciables y absolutamente insolidarios, se proponen llevar al extremo las posibilidades negativas y destructivas (que las hay) de la inteligencia artificial (IA), añadiendo la desinformación.
Aun así, la inteligencia artificial (I.A.) no supone que nos encontremos en un mundo nuevo, pero sí resulta evidente que estamos ante una nueva forma de tratar los datos de la tradición, de la evolución de la humanidad. Nos encontramos disfrutando ya de un nuevo y excelente avance social muy versátil, de fácil acceso y de gran capacidad de difusión. Pero como todo progreso, si no lo usamos con responsabilidad y decencia, puede devolver al ser humano a las cavernas.
Sin embargo, por muy presuntuosos que se pongan algunos, lo cierto es que nuestra identidad personal, nuestra forma de ser, de pensar y de sentir, nos la han legado los libros, haciéndonos partícipes de los sentimientos humanos a través de la poesía, la literatura o la narración. Nuestra identidad también se ha construido participando del saber, a través de los pensadores, de los artistas, de los historiadores, de los buenos políticos, de los científicos, de los músicos, etc. De tal manera que la identidad del ser humano, que incluye la experiencia de cada uno, es variada y cambiante porque es vida, y la vida supone dinamismo, movimiento.
El catedrático Marcial Morera, ha podido deducir algunos elementos básicos que, aunque parezcan muy elementales, según su criterio, deben permanecer siempre para el buen funcionamiento de una sociedad libre y democrática. Son los siguientes:
Primero: La necesidad de aprender a leer bien para poder descifrar personalmente los textos, evitando las tergiversaciones de los intermediarios más o menos interesados en adulterarlos para ponerlos a su servicio y manipular a la gente (poderes económicos, medios de comunicación, determinadas empresas, colectivos sociales, etc.). Por eso, para ser libre es fundamental saber leer de forma comprensiva.
Segundo. La necesidad de promocionar y de divulgar lo indispensable que es la lectura para poder conocer y entender el verdadero origen y trayectoria de nuestro mundo, tal y como nos ha enseñado las grandes figuras de la humanidad.
Tercero. La necesidad de defender los libros de los enemigos de la cultura y de la civilización, tan dados a destruirlos, quemarlos, manipularlos o desprestigiarlos. La quema de bibliotecas y archivos ha estado presente en determinados momentos de la historia de la humanidad. En la actualidad, los enemigos más acérrimos de los libros son determinados tecnócratas que, encerrados en su burbuja, rezuman desprecio hacia ellos. Nunca la Cultura (con mayúscula) ha estado más amenazada que en los tiempos actuales. Sin embargo, no existe artilugio electrónico o digital que pueda suplantar la vida, porque la vida es una función biológica y espiritual que tiene que vivirse personalmente.
Cuarto: Es una necesidad también reconocer a los autores que han creado los libros, por nuestra consideración a todo proceso creador y para poder comprender la trayectoria histórica de la humanidad. A esto se le llama Cultura. Es lo que debemos defender en unos tiempos de desorientación como los actuales, donde la desinformación y el analfabetismo funcional avanza a pasos agigantados.
Por último, añadimos una breve reflexión del escritor y novelista norteamericano Ray Bradbury (1920-2012) cuando expresaba: “Para destruir una cultura no hace falta quemar libros. Basta con que la gente deje de leer.”
¡Feliz Día del Libro!
Es lo contrario de lo que piensan algunos “modernos”, surgidos al amparo de las nuevas tecnologías que, de forma osada y sin reparo alguno, niegan autoridad a los libros. Incluso, hay algunos que alardean orgullosamente de no haber leído un libro en su vida. ¡Qué patético! Menos mal que otros los han leído por ellos.
Lo que se cuece en Silicon Valley (E.E. U.U.) y en lugares similares del resto del mundo está introduciendo novedosas e importantes herramientas y técnicas de trabajo que están revolucionando todos los sectores laborales y sociales. Nos referimos al propio ChatGPT y otros muchos modelos de IA.
Todo eso, ya está cambiando nuestra vida al facilitar enormemente nuestro trabajo cotidiano. Pero algunos individuos insaciables y absolutamente insolidarios, se proponen llevar al extremo las posibilidades negativas y destructivas (que las hay) de la inteligencia artificial (IA), añadiendo la desinformación.
Aun así, la inteligencia artificial (I.A.) no supone que nos encontremos en un mundo nuevo, pero sí resulta evidente que estamos ante una nueva forma de tratar los datos de la tradición, de la evolución de la humanidad. Nos encontramos disfrutando ya de un nuevo y excelente avance social muy versátil, de fácil acceso y de gran capacidad de difusión. Pero como todo progreso, si no lo usamos con responsabilidad y decencia, puede devolver al ser humano a las cavernas.
Sin embargo, por muy presuntuosos que se pongan algunos, lo cierto es que nuestra identidad personal, nuestra forma de ser, de pensar y de sentir, nos la han legado los libros, haciéndonos partícipes de los sentimientos humanos a través de la poesía, la literatura o la narración. Nuestra identidad también se ha construido participando del saber, a través de los pensadores, de los artistas, de los historiadores, de los buenos políticos, de los científicos, de los músicos, etc. De tal manera que la identidad del ser humano, que incluye la experiencia de cada uno, es variada y cambiante porque es vida, y la vida supone dinamismo, movimiento.
El catedrático Marcial Morera, ha podido deducir algunos elementos básicos que, aunque parezcan muy elementales, según su criterio, deben permanecer siempre para el buen funcionamiento de una sociedad libre y democrática. Son los siguientes:
Primero: La necesidad de aprender a leer bien para poder descifrar personalmente los textos, evitando las tergiversaciones de los intermediarios más o menos interesados en adulterarlos para ponerlos a su servicio y manipular a la gente (poderes económicos, medios de comunicación, determinadas empresas, colectivos sociales, etc.). Por eso, para ser libre es fundamental saber leer de forma comprensiva.
Segundo. La necesidad de promocionar y de divulgar lo indispensable que es la lectura para poder conocer y entender el verdadero origen y trayectoria de nuestro mundo, tal y como nos ha enseñado las grandes figuras de la humanidad.
Tercero. La necesidad de defender los libros de los enemigos de la cultura y de la civilización, tan dados a destruirlos, quemarlos, manipularlos o desprestigiarlos. La quema de bibliotecas y archivos ha estado presente en determinados momentos de la historia de la humanidad. En la actualidad, los enemigos más acérrimos de los libros son determinados tecnócratas que, encerrados en su burbuja, rezuman desprecio hacia ellos. Nunca la Cultura (con mayúscula) ha estado más amenazada que en los tiempos actuales. Sin embargo, no existe artilugio electrónico o digital que pueda suplantar la vida, porque la vida es una función biológica y espiritual que tiene que vivirse personalmente.
Cuarto: Es una necesidad también reconocer a los autores que han creado los libros, por nuestra consideración a todo proceso creador y para poder comprender la trayectoria histórica de la humanidad. A esto se le llama Cultura. Es lo que debemos defender en unos tiempos de desorientación como los actuales, donde la desinformación y el analfabetismo funcional avanza a pasos agigantados.
Por último, añadimos una breve reflexión del escritor y novelista norteamericano Ray Bradbury (1920-2012) cuando expresaba: “Para destruir una cultura no hace falta quemar libros. Basta con que la gente deje de leer.”
¡Feliz Día del Libro!