Viernes, 12 de junio.
Redacción
Una delegación de Cáritas de Agüimes, integrada por unas cuarenta personas volutanrias, junto a una veintena de migrantes de distintas nacionalidades residentes en nuestro municipio, participó ayer en el encuentro que el Papa León XIV mantuvo en el Puerto de Arguineguín para conocer de primera mano la realidad migratoria que simbolizó la mayor crisis humanitaria de las islas en 2020 y mostrar su apoyo a todos los colectivos que trabajan en la atención a las personas migrantes.
En su intervención, el Santo Padre lanzó un mensaje rotundo sobre la crisis migratoria y, desde el mismo punto al que llegaron "tantas vidas heridas", afirmó que "el Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles", al tiempo que recordó que la Iglesia no puede tampoco permanecer ajena "al clamor de quienes gritan desde la noche".
Con el anillo del Pescador en sus manos, León XIV ha recordado que lugares como La Restinga, en el Hierro, o Arguineguión otorgan un sentido literal y doloroso al mandato de ser "pescador de hombres", y señaló que en estas islas se han recuperado "personas del mar y cuerpos exánimes rescatados de las aguas", por lo que la Iglesia no puede desentenderse de ningún lugar donde la dignidad humana sea herida por el hombre, la violencia o el exilio.
Asimismo, denunció la existencia de "monstruos que acechan estos mares", refiriéndose a las mafias que trafican con la desesperación, los tratantes que esclavizan mujeres y niños/as y, de forma contundente, a la indiferencia de muchas personas e instituciones que permiten que los pobres sean tragador por la explotación o el olvido.
Frente a esta realidad, ha afirmado que la fe no se queda paralizada ante el poder del mar e invocó la imagen de Cristo calmando la tempestad, mandando callar al mar y donde la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas.
El discurso se ha convertido en un examen de conciencia dirigido a todos los actores implicados: a las naciones de origen, pidiendo crear condiciones de paz, justicia y desarrollo, y a Europa, afeando que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas.
León XIV ha exigido que la dignidad humana se proteja con vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y ha insistido también en una idea clave: "la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde el valor al cruzar una frontera".
El Papa subrayó la otra cara del drama migratorio: el derecho a no tener que migrar, y defendió el derecho a permanecer en la propia casa, sin hambre, sin guerras, sin persecuciones, sin violencias.
Finalmente, interpeló a las autoridades civiles, gobiernos y organzaciones internacionales para que respondan a la pregunta que tras cada patera o cayuco: "qué mundo hemos construido si tantos hermanos/as tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?".
En su intervención, el Santo Padre lanzó un mensaje rotundo sobre la crisis migratoria y, desde el mismo punto al que llegaron "tantas vidas heridas", afirmó que "el Sucesor de Pedro no puede desentenderse de estos muelles", al tiempo que recordó que la Iglesia no puede tampoco permanecer ajena "al clamor de quienes gritan desde la noche".
Con el anillo del Pescador en sus manos, León XIV ha recordado que lugares como La Restinga, en el Hierro, o Arguineguión otorgan un sentido literal y doloroso al mandato de ser "pescador de hombres", y señaló que en estas islas se han recuperado "personas del mar y cuerpos exánimes rescatados de las aguas", por lo que la Iglesia no puede desentenderse de ningún lugar donde la dignidad humana sea herida por el hombre, la violencia o el exilio.
Asimismo, denunció la existencia de "monstruos que acechan estos mares", refiriéndose a las mafias que trafican con la desesperación, los tratantes que esclavizan mujeres y niños/as y, de forma contundente, a la indiferencia de muchas personas e instituciones que permiten que los pobres sean tragador por la explotación o el olvido.
Frente a esta realidad, ha afirmado que la fe no se queda paralizada ante el poder del mar e invocó la imagen de Cristo calmando la tempestad, mandando callar al mar y donde la Iglesia no puede permanecer muda ante quienes son abandonados a sus aguas.
El discurso se ha convertido en un examen de conciencia dirigido a todos los actores implicados: a las naciones de origen, pidiendo crear condiciones de paz, justicia y desarrollo, y a Europa, afeando que no puede proclamar la dignidad humana y acostumbrarse a que el Mediterráneo y el Atlántico sean cementerios sin lápidas.
León XIV ha exigido que la dignidad humana se proteja con vías legales y seguras, rescate y asistencia, cooperación real contra los traficantes, protección efectiva a las víctimas, procesos serios de acogida e integración, y ha insistido también en una idea clave: "la dignidad humana no tiene pasaporte ni pierde el valor al cruzar una frontera".
El Papa subrayó la otra cara del drama migratorio: el derecho a no tener que migrar, y defendió el derecho a permanecer en la propia casa, sin hambre, sin guerras, sin persecuciones, sin violencias.
Finalmente, interpeló a las autoridades civiles, gobiernos y organzaciones internacionales para que respondan a la pregunta que tras cada patera o cayuco: "qué mundo hemos construido si tantos hermanos/as tienen que arriesgar la muerte para buscar vida?".
Por la tarde, un importante grupo de vecinos-as de nuestro municipio se trasladaba también al Estadio de Gran Canaria, donde el Papa León XIV oficiaba una misa que ponía el lazo final a una visita histórica, la primera vez que un Santo Padre aterriza en el archipiélago, y que hoy tendrá su continuidad en Tenerife.
