Jueves, 07 de Junio.Una doctora del Servicio Canario de Salud y un médico forense confirmaron ayer al jurado que el homicida de La Rama de Agaete presentaba, al día siguiente del crimen, una brecha en la cabeza compatible con un botellazo, lo que refrendaría su tesis de que actuó en respuesta a una agresión. La facultativa del Servicio Canario de Salud en Agüimes María Julia Martínez y la médico forense Ana Fernández Artiles fueron llamadas a comparecer ayer en la prueba pericial del juicio por el homicidio en las fiestas de La Rama de Agaete, para confirmar que reconocieron al acusado en las horas posteriores al suceso y le apreciaron una herida inciso contusa en la cabeza compatible con un golpe con una botella de cristal. La objetivación de las heridas que sufrió Eliot Sadam A. N., en ningún caso le exculparían como autor de la muerte del teldense Antonio Vega Alemán, pero sí podrían abrir el camino a una condena atenuada, en el caso de que el jurado aprecie que, tal y como afirma el acusado y los amigos que le acompañaban en la trágica madrugada, Eliot fue agredido y respondió al ataque utilizando el gollete de la misma botella que le acaban de romper en la cabeza.
En esta tercera jornada, tras la de ayer llena de contradicciones por parte de algunos testigos entre lo que estaban declarando y lo que en su día manifestaron en comisaría y en el juzgado, se llevaba a cabo la prueba pericial. En primer lugar, mediante una videoconferencia desde Madrid, dos guardias civiles expertos en perfiles genéticos aseguraban que recibieron “sólo sangre de la víctima y no del imputado. Además, nos enviaron una camiseta y trozos de cristal en la que se encontró sangre del fallecido y otra muestra sin identificar porque no teníamos con qué compararlo. También en unas zapatillas había sangre de una tercera persona. En definitiva, eran tres muestras de sangre de tres varones diferentes, una del fallecido y las otras dos sin identificar”.
Tras la videoconferencia, continuaba la prueba pericial con la intervención de dos expertos en Toxicología en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, que argumentaban que recibieron “la muestra de orina del acusado, que daba positivo, y con un nivel elevado, en cannabis y cocaína, y la de sangre también, pero en cannabis y anfetaminas, mientras que la sanguínea de la víctima daba un resultado de haber consumido mucho alcohol y anfetaminas, pero éstas en niveles más bajos que los del imputado”.
Por su parte, los tres médicos forenses encargados de realizarle la autopsia al cadáver confirmaban que “tenía una herida incisa en el cuello, en cuyo interior había un trozo de cristal de 8 centímetros de ancho y 7 de profundo, y no tenía más signos de violencia en el cuerpo, por lo que la causa de la muerte fue la yugular seccionada. Por cómo se presenta la herida en el lado izquierdo, fue realizada por una persona diestra que mueve la mano desde atrás hacia delante”.
“Mientras que el acusado presentaba un traumatismo en la cabeza por el impacto de una botella y heridas en la cara y el labio, y aunque sí había consumido tóxicos no tenía ningún trastorno de inteligencia ni psicosis por lo que presentaba una disminución importante de control de los impulsos. Además, por la herida de la víctima es admisible que el imputado estuviera semi-agachado y levantándose, mientras que la víctima estaba de pie”, manifestaba una de las forenses.
Debido a lo que revelaban los datos de los expertos forenses, y según exponía una de ellos, “el relato de Eliot era coherente con nuestros análisis y son compatibles con lo que nos contó en su día y lo que mantiene todavía”.
Tras la videoconferencia, continuaba la prueba pericial con la intervención de dos expertos en Toxicología en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria, que argumentaban que recibieron “la muestra de orina del acusado, que daba positivo, y con un nivel elevado, en cannabis y cocaína, y la de sangre también, pero en cannabis y anfetaminas, mientras que la sanguínea de la víctima daba un resultado de haber consumido mucho alcohol y anfetaminas, pero éstas en niveles más bajos que los del imputado”.
Por su parte, los tres médicos forenses encargados de realizarle la autopsia al cadáver confirmaban que “tenía una herida incisa en el cuello, en cuyo interior había un trozo de cristal de 8 centímetros de ancho y 7 de profundo, y no tenía más signos de violencia en el cuerpo, por lo que la causa de la muerte fue la yugular seccionada. Por cómo se presenta la herida en el lado izquierdo, fue realizada por una persona diestra que mueve la mano desde atrás hacia delante”.
“Mientras que el acusado presentaba un traumatismo en la cabeza por el impacto de una botella y heridas en la cara y el labio, y aunque sí había consumido tóxicos no tenía ningún trastorno de inteligencia ni psicosis por lo que presentaba una disminución importante de control de los impulsos. Además, por la herida de la víctima es admisible que el imputado estuviera semi-agachado y levantándose, mientras que la víctima estaba de pie”, manifestaba una de las forenses.
Debido a lo que revelaban los datos de los expertos forenses, y según exponía una de ellos, “el relato de Eliot era coherente con nuestros análisis y son compatibles con lo que nos contó en su día y lo que mantiene todavía”.
Fotografía: El acusado Eliot Sadam y los expertos en Toxicología de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.