Antonio Morales*
(Con ocasión de la inauguración de un busto a José Artigas en el Cruce de Arinaga)
Somos un pueblo de emigrantes.
Nuestra realidad insular que potencia el aislamiento, nuestra dependencia del
exterior agravada por la insistencia en la subordinación económica a unos
monocultivos que casi nunca han terminado bien, la incapacidad de nuestra
burguesía tradicional y de las clases dirigentes para articular un modelo económico
diversificado que garantice las soberanías alimentaria, energética, industrial
y tantas otras, han provocado profundas crisis cíclicas que han obligado a
nuestra gente a emigrar. Esto ha sido así hasta tal punto que hoy, este archipiélago
atlántico, cuenta con más ciudadanos fuera que los que habitan en su territorio.
Somos un pueblo de emigrantes que
casi siempre ha mirado al Sur a la hora de abandonar su casa. Hemos mirado casi
siempre a la otra orilla del Atlántico, hacia muchos países hermanos de
Latinoamérica donde hemos sido siempre recibidos con los brazos abiertos. Y
donde también hemos dejado huellas profundas. Indelebles.
A Venezuela se la conoce como la
Octava Isla y su libertador, descendiente de uno de los fundadores de la Villa
de Garachico, llevaba sangre indígena canaria en sus venas, según estudios
realizados recientemente.
Los lazos con Cuba siempre han
sido especialmente estrechos. Pocos son los agüimenses que no cuentan con
familiares en esa isla que recibió a miles de familias canarias en distintas
oleadas migratorias. Su liberador, José Martí, era hijo de una canaria.
En Luisiana (EEUU) aún se
mantiene viva la comunidad de Los Isleños, descendientes de canarios que
poblaron aquellas tierras a finales del siglo XVIII y que siguen luchando por
mantener viva las tradiciones de sus antepasados.
En Uruguay sucede otro tanto. A
principios del siglo XVIII, una primera oleada de emigrantes canarios se
establece en ese país y funda, en 1724, la ciudad de Montevideo. Nos dicen las
crónicas (que recoge Isabel Barreto en “Canarios de ayer, la inmigración
canaria en el Uruguay”): “Desembarcaron estos esforzados canarios en una tierra
desconocida, en un mundo nuevo para ellos, donde encontrarían los mayores
inconvenientes, obstáculos de toda clase los cuales debería afrontar con
paciencia y resignación pues el retorno a sus lares ya no era factible” (Musso);
“La inmigración canaria, exclusivamente labradora, así que llega a Montevideo
se va distribuyendo por el interior del territorio buscando en los campos el único
género de ocupación que ella es capaz de desempeñar”, cuenta Lamas; Canelones “es
buena tierra para la agricultura, y los cultivadores son, muchos de ellos,
colonos de las Islas Canarias, que siembran no solo trigo, sino también maíz,
patatas, melones, vegetales, e incluso algo de tabaco…”, afirman otros (Mulhall
y Muhall)…
Más tarde nuevas oleadas en el
siglo XIX siguieron poblando el interior del territorio. Allí han mantenido
tradiciones, usos y costumbres ligadas a la gastronomía, a la medicina popular,
a las manifestaciones religiosas y conservaron hasta principios del siglo XX la
figura del zorrocloco, que consistía, como aquí, en que el padre guardaba cama
y recibía a los vecinos, mientras la mujer volvía a sus tareas…Y el pericón, el
arrorró, el gofio…
Su prócer, José Gervasio Artigas,
que ahora nos congrega, y que va a permanecer con nosotros para siempre, como
así han decidido sus compatriotas, también tenía sangre canaria, pues su abuela
era tinerfeña.
Este Atlántico que nos baña y nos
acoge, genera también corrientes de ida y vuelta y nos envuelve en sentimientos,
palabras, costumbres y tradiciones que permanecen inalterables a lo largo de
los siglos.
La noria de la historia provoca
movimientos financieros y sociales convulsos. Hace unos años vivíamos por aquí
una etapa de esplendor económico que después se convirtió en una burbuja que
nos estalló y que nos mostró la peor cara del capitalismo salvaje. Por esa época
se acercaron hasta esta tierra emigrantes retornados, hijos y descendientes de
emigrantes canarios y también ciudadanos latinoamericanos que, como antes lo
hicieron nuestros antepasados, decidieron probar fortuna entre nosotros.
Un día se acercó a mi despacho un
grupo de personas que me habló de su origen uruguayo y de su voluntad de fundar
aquí una comunidad. Me acuerdo que les hablé de esos viajes de ida y vuelta
entre las dos orillas; de que siempre iban a tener nuestras puertas abiertas;
de que nuestros genes llevan impresos el reconocimiento al esfuerzo, a las
ganas de luchar y el agradecimiento por el acogimiento que en su día nos
hicieron; que no dudaran en integrarse y en demandar nuestra colaboración si la
necesitaran…
Y así ha sido. Se han integrado.
Se han convertido en unos agüimense con corazón uruguayo que no dejan de
participar en nuestro Carnaval, en nuestras romerías, en nuestras
manifestaciones culturales. Y aquí tienen su sede. Y aquí celebran a su país. Y
aquí están forjando nuevas familias…
Hace unas semanas, el señor Cónsul
de Uruguay, acompañado por miembros de la junta directiva de la Asociación de
Uruguayos en Gran Canaria, me propuso levantar un busto a José Artigas en Agüimes. Y me decían
que, si me parecía, debía ser en el Cruce de Arinaga, el núcleo de población
que los congrega en mayor número. Por supuesto que les dije que sí de manera
inmediata. Para el Ayuntamiento de Agüimes, su alcalde, su corporación y sus
habitantes, es un orgullo rendir homenaje a un país y a una comunidad por la que
sentimos un profundo respeto y un enorme afecto. En consideración a su país, a
los uruguayos de Canarias, a los uruguayos de Agüimes y también a los anhelos
de libertad y de justicia social que siempre defendió, y que son hoy más que
necesarios, y que dejó patentes en pensamientos como estos: “la causa de los
pueblos no admiten la mayor demora” o “que los más infelices sean los más
privilegiados”, es un honor contar con la presencia permanente en esta plaza,
en el seno de esta comunidad, del libertador y prohombre de Uruguay, José
Artigas.
Querida comunidad uruguaya, muchísimas
gracias por estar entre nosotros, por elegir Agüimes para rendir homenaje a su
prócer.
*Antonio Morales es Alcalde de Agüimes. (www.antoniomorales-blog.com)