Fernando T. Romero*
La derecha política de este país está viviendo sus días de vino y rosas. O dicho de otra manera, está viviendo sus días de gloria. La actual crisis económica le ha permitido desarrollar su agenda política e ideológica sin llevar a cabo ninguna reforma seria de la estructura institucional del Estado.
En cuanto a sus responsabilidades, al presidente Rajoy le resbala todo. El tesorero de su partido durante varios lustros está en la cárcel y el propio Partido Popular tiene a cientos de imputados y procesados en los juzgados. Pero ni el presidente ni sus más directos colaboradores se consideran responsables de nada.
Y cuando hablan, lo hacen como si estuvieran en posesión de la verdad absoluta. Sus gestos y palabras están siempre dispuestas para el desafío, la descalificación y el insulto. Se autodenominan patriotas, aunque con su “patriotismo” terminan frecuentemente dividiendo a los españoles.
Viven a lo grande, pero predican, promueven y deciden que los demás tenemos que sacrificarnos y vivir peor para “salvar a España”. Y no digamos nada de sus centrales mediáticas, pues pasan desde el buenismo meapilas a reírse de las desgracias ajenas, hasta llegar a la más indecente crueldad.
Y por si fuera poco, en el colmo de su cinismo e irresponsabilidad, culpan de todo lo negativo que ocurre, no a su gobierno, sino a la izquierda política del país.
Y uno se hace varias preguntas. ¿Están las izquierdas sociales y políticas a la altura de las circunstancias? ¿Son verdaderamente conscientes de la gravedad de la situación y de que la degradación laboral y social que padecemos es difícilmente reversible? ¿Serán capaces de articular y de movilizar a la mayoría social en torno a objetivos centrales que frenen la tendencia actual e inicien el camino hacia un nuevo escenario? Esta es la cuestión.
Sin embargo, lo triste y cierto es que las organizaciones progresistas y partidos de izquierda se encuentran debilitados, desorientados y fragmentados. Y, además, enredados, como casi siempre, en debates estériles y en personalismos paralizantes que sólo conducen a una mayor atomización y a una menor eficacia electoral y social.
Y ante esta compleja situación de crisis económica, abusos laborales y desorientación política ¿cómo reaccionan los ciudadanos? Pues, lógicamente con miedo, con mucho miedo. Han conseguido paralizar a la ciudadanía instalándola en el miedo. Por ello, uno piensa que vivimos una situación de verdadera emergencia.
Con unos recorte salariales muy superiores a los que reflejan las estadísticas (como ha reconocido recientemente el Banco de España) y la amenaza constante del desempleo, la capacidad de resistencia y de movilización de los trabajadores se ha debilitado.
Mientras tanto, los beneficios, sobre todo, de las grandes empresas no se reinvierten, sino que van a aumentar las ganancias de los equipos directivos y de los grandes accionistas. ¿Cuándo, antes que ahora, soñaron los empresarios que podían disponer de una relación de fuerzas tan favorable para sus intereses?
Sin embargo, son insaciables. Y las patronales, agradecidas y arrogantes, exigen al gobierno que lleve todavía más lejos la reforma laboral. Y es que han encontrado un filón impensable, hace sólo dos años, para su enriquecimiento sin límites.
Ante esta realidad, ¿qué podemos hacer? Alguien, no recuerdo quien, ha escrito: “Si luchas, puedes perder; pero si no luchas, estás perdido”. Está claro, la ciudadanía tiene que organizarse y actuar. Y la ciudadanía somos todos: eres tú, yo, nuestros amigos, familiares, vecinos… Y mientras tú, yo, nuestros amigos y vecinos no actuemos, otros lo harán por nosotros. Y ya estamos viendo de qué manera lo hacen y a quienes benefician. ¿Seguimos resignados?
Termino esta reflexión con los últimos versos del poema "No vale", del fallecido poeta grancanario y Premio Canarias de Literatura, Agustín Millares Sall, que dice así:
Te digo que no vale
que el gris siempre se salga con la suya,
que el negro se desmande
y diga “cruz y raya” al júbilo del aire.
Vuelvo a la carga y te digo: aquí no cabe
esconder la cabeza bajo el ala,
decir “no sabía”, “estoy al margen”,
“vivo en mi torre solo y no sé nada”.
Te digo y te repito que no vale.
que el gris siempre se salga con la suya,
que el negro se desmande
y diga “cruz y raya” al júbilo del aire.
Vuelvo a la carga y te digo: aquí no cabe
esconder la cabeza bajo el ala,
decir “no sabía”, “estoy al margen”,
“vivo en mi torre solo y no sé nada”.
Te digo y te repito que no vale.
*Fernando Romero es miembro de la Mesa de Roque Aguayro.