22 de mayo de 2014

Opinión: "La Unión Europea: sus carencias y las elecciones"

Jueves, 22 de mayo.

Fernando T. Romero*
Desde hace algunos años, los ideólogos del pensamiento único neoliberal, están consiguiendo sibilinamente que la población vaya asumiendo el concepto o la idea de que la historia avanza por sí misma e independiente de la voluntad y de la participación de los ciudadanos.
Sin embargo, Karl Marx desde el siglo XIX nos alertaba contra ese fatalismo histórico. Y nos decía: “La historia no hace nada, pues no posee inmensas riquezas ni libra combates. Son los hombres reales y vivos los que hacen, poseen y luchan. La historia es la actividad de los hombres para la consecución de sus objetivos.”
Por tanto, seamos serios y no nos olvidemos ni escondamos a los responsables de lo que está ocurriendo. Los promotores de la crisis tienen nombre y apellidos. La crisis actual no es consecuencia de ninguna fatalidad sino que responde a determinadas conductas egoístas, insolidarias y de codicia sin límites de una minoría muy poderosa y perfectamente identificable.
Uno piensa que la UE es la solución y no el problema histórico de Europa. Sin embargo, la percepción de la ciudadanía es, en muchos casos, que el euro, Bruselas, el BCE y en general la UE, es la responsable en buena medida de nuestros males.
No obstante, como sugiere Nieto Solís, Profesor de Economía Europea en la UCM, la UE manifiesta una serie de carencias e incompetencias a las que los candidatos de los principales partidos a las elecciones europeas en nuestro país no han hecho ninguna referencia.
Así, por ejemplo, mantiene el mencionado profesor que Europa manifiesta su incompetencia ante los ciudadanos por la gestión errática de su política monetaria. Y añade que la UE ni siquiera puede articular las libertades económicas que la sustentan, pues la libre circulación de personas está en retroceso, ya que algunos Estados expulsan de sus territorios a otros ciudadanos comunitarios.
Además, Europa es insolidaria en materia social, porque no existe una política social europea que aglutine los valores de bienestar y convivencia en democracia. Y por si fuera poco, la UE ha olvidado que la creación de empleo tiene que ser la principal prioridad política.
También es evidente que Europa carece de una política exterior común, debido a que los intereses que defienden los países miembros son muy distintos. No coinciden, por ejemplo, la tradición colonial de Francia, de Inglaterra o de España con la estrategia económica de Alemania.
Tampoco existe en la UE una política clara en materia de inmigración y sus instituciones no son capaces de ofrecer alternativas comunes más solidarias y eficientes.
Por todo ello, no basta con plantear modificaciones estéticas o superficiales de las instituciones que a nada comprometen. La integración europea tendrá sentido si avanza hacia una Europa política y social, en la que la unión económica y monetaria esté al servicio del bienestar colectivo.
Después de esta pincelada sobre algunas carencias de la UE, resulta que en la noche del pasado 8 de mayo, momentos antes del comienzo de la campaña electoral, tuvieron su primer debate los aspirantes del bipartidismo a presidir la Comisión Europea: el candidato de la derecha, Jean-Claude Juncker y el socialdemócrata Matin Schulz.
La coincidencia de criterios entre ambos fue muy amplia, manifestándose solo algunas diferencias en determinados matices sobre materia económica. Este debate no tuvo apenas eco en los medios de comunicación españoles, ya que no interesaba que trascendiera su contenido. No obstante, esa alta coincidencia que nos esconden interesadamente por aquí, responde a la realidad de la política europea entre la derecha y la socialdemocracia.
Y uno se pregunta, ¿a qué viene entonces ese exceso hipócrita de sobreactuación teatral en nuestro país de los principales candidatos del bipartidismo estatal (PP-PSOE) cuando realmente coinciden en la gran mayoría de las políticas europeas?
Y por si fuera poco, ya en la recta final de la campaña nos entretienen con anécdotas como el estúpido y trasnochado machismo de un candidato y con el aprovechado e interesado victimismo de su oponente. Pero ambos nos ocultan la alarmante y escandalosa corrupción de unos y otros: casos Gürtel-Bárcenas, por un lado, y el de los ERES, por el otro.
Tampoco nos dicen nada sobre sus responsabilidades por el empobrecimiento generalizado y la ampliación de las desigualdades sociales, provocada en nuestro país por la serie de recortes y el austericidio planificado por ambos, desde el mismo momento en que modificaron a espaldas de los ciudadanos el artículo 135 de la Constitución. Ambos son responsables al 50% de la actual situación de crisis en que vivimos en este país.
Sin embargo, el PP nos repite que gracias a sus decisiones nos está sacando ya de la crisis (¿a quién?). Y el PSOE insiste que reducirá la gran brecha de las desigualdades sociales. Y uno se pregunta, ¿quién inició toda esta escalada de desigualdad social? ¿Y quién ha continuado profundizando en ese proceso? Y ahora, ambos pretenden dar un giro de 360 grados en sus políticas, cuando todos sabemos que eso significa dejarnos tal como estamos. ¿Por qué nos siguen mintiendo? No tienen credibilidad.
Ya veremos cómo tras el proceso electoral, en pocas semanas, nos anunciarán más austeridad y más recortes que profundizarán todavía más en las desigualdades. Tiempo al tiempo.
Por otra parte, parece como si los ciudadanos hubiéramos trasladado a la política los comportamientos de los hinchas futbolísticos, incluyendo las bufandas y banderolas. Mi equipo lo hará bien o lo hará muy mal, pero es mi equipo y nunca lo abandonaré aunque me hunda en la miseria. Y lo están consiguiendo: la férrea fidelidad de muchos a su equipo (PP-PSOE) les ha hundido en la miseria; pero siguen muy fieles, aclamándole y votándole cada vez que haga falta. ¡Viva las caenas!
No obstante, seguimos creyendo en la construcción europea, pues como ha escrito Sami Naïr en El País, “la Europa de los pueblos supera a la Europa del negocio y del mercado, por lo que hay que seguir luchando por otra Europa más humana y más solidaria.”
Por tanto, insistimos en que debemos votar para doblegar democráticamente a las élites políticas y financieras. Es evidente que el margen de actuación popular es muy estrecho, pero hay que aprovecharlo al máximo para hacerle entender a los responsables europeos que otra Europa, la Europa de los ciudadanos es posible. Juntos, podemos.
Sin embargo, tenemos que ser realistas. El resultado de las elecciones en las que triunfará la abstención, dejará el escenario político europeo más o menos como está, salvo algunas novedades por la ultraderecha y el surgimiento de otras pequeñas organizaciones. Uno está convencido, incluso, de que no es descartable la formación de la gran coalición bipartidista, estilo Alemania, pero a nivel de la UE, si las matemáticas parlamentarias así lo aconsejaran.
A pesar de todo, debemos acudir a votar el próximo domingo. Y que los fuegos artificiales de la noche anterior, tras la disputa de la final de la Champions, no nos deslumbren ni nos confundan en el momento de elegir la papeleta adecuada.
*Fernando T. Romero es miembro de la Mesa de Roque Aguayro.