Fernando T. Romero*
Desde hace algunos años, los ideólogos
del pensamiento único neoliberal, están consiguiendo sibilinamente que la
población vaya asumiendo el concepto o la idea de que la historia avanza por sí
misma e independiente de la voluntad y de la participación de los ciudadanos.
Sin embargo, Karl Marx desde el
siglo XIX nos alertaba contra ese fatalismo histórico. Y nos decía: “La
historia no hace nada, pues no posee inmensas riquezas ni libra combates. Son
los hombres reales y vivos los que hacen, poseen y luchan. La historia es la
actividad de los hombres para la consecución de sus objetivos.”
Por tanto, seamos serios y no nos
olvidemos ni escondamos a los responsables de lo que está ocurriendo. Los
promotores de la crisis tienen nombre y apellidos. La crisis actual no es
consecuencia de ninguna fatalidad sino que responde a determinadas conductas
egoístas, insolidarias y de codicia sin límites de una minoría muy poderosa y
perfectamente identificable.
Uno piensa que la UE es la solución
y no el problema histórico de Europa. Sin embargo, la percepción de la ciudadanía
es, en muchos casos, que el euro, Bruselas, el BCE y en general la UE, es la
responsable en buena medida de nuestros males.
No obstante, como sugiere Nieto
Solís, Profesor de Economía Europea en la UCM, la UE manifiesta una serie de
carencias e incompetencias a las que los candidatos de los principales partidos
a las elecciones europeas en nuestro país no han hecho ninguna referencia.
Así, por ejemplo, mantiene el
mencionado profesor que Europa manifiesta su incompetencia ante los ciudadanos
por la gestión errática de su política monetaria. Y añade que la UE ni siquiera
puede articular las libertades económicas que la sustentan, pues la libre
circulación de personas está en retroceso, ya que algunos Estados expulsan de
sus territorios a otros ciudadanos comunitarios.
Además, Europa es insolidaria en
materia social, porque no existe una política social europea que aglutine los
valores de bienestar y convivencia en democracia. Y por si fuera poco, la UE ha
olvidado que la creación de empleo tiene que ser la principal prioridad política.
También es evidente que Europa
carece de una política exterior común, debido a que los intereses que defienden
los países miembros son muy distintos. No coinciden, por ejemplo, la tradición
colonial de Francia, de Inglaterra o de España con la estrategia económica de
Alemania.
Tampoco existe en la UE una política
clara en materia de inmigración y sus instituciones no son capaces de ofrecer
alternativas comunes más solidarias y eficientes.
Por todo ello, no basta con
plantear modificaciones estéticas o superficiales de las instituciones que a
nada comprometen. La integración europea tendrá sentido si avanza hacia una
Europa política y social, en la que la unión económica y monetaria esté al servicio
del bienestar colectivo.
Después de esta pincelada sobre
algunas carencias de la UE, resulta que en la noche del pasado 8 de mayo,
momentos antes del comienzo de la campaña electoral, tuvieron su primer debate
los aspirantes del bipartidismo a presidir la Comisión Europea: el candidato de
la derecha, Jean-Claude Juncker y el socialdemócrata Matin Schulz.
La coincidencia de criterios
entre ambos fue muy amplia, manifestándose solo algunas diferencias en
determinados matices sobre materia económica. Este debate no tuvo apenas eco en
los medios de comunicación españoles, ya que no interesaba que trascendiera su
contenido. No obstante, esa alta coincidencia que nos esconden interesadamente
por aquí, responde a la realidad de la política europea entre la derecha y la
socialdemocracia.
Y uno se pregunta, ¿a qué viene
entonces ese exceso hipócrita de sobreactuación teatral en nuestro país de los principales
candidatos del bipartidismo estatal (PP-PSOE) cuando realmente coinciden en la
gran mayoría de las políticas europeas?
Y por si fuera poco, ya en la
recta final de la campaña nos entretienen con anécdotas como el estúpido y
trasnochado machismo de un candidato y con el aprovechado e interesado
victimismo de su oponente. Pero ambos nos ocultan la alarmante y escandalosa
corrupción de unos y otros: casos Gürtel-Bárcenas, por un lado, y el de los
ERES, por el otro.
Tampoco nos dicen nada sobre sus
responsabilidades por el empobrecimiento generalizado y la ampliación de las
desigualdades sociales, provocada en nuestro país por la serie de recortes y el
austericidio planificado por ambos, desde el mismo momento en que modificaron a
espaldas de los ciudadanos el artículo 135 de la Constitución. Ambos son
responsables al 50% de la actual situación de crisis en que vivimos en este país.
Sin embargo, el PP nos repite que
gracias a sus decisiones nos está sacando ya de la crisis (¿a quién?). Y el
PSOE insiste que reducirá la gran brecha de las desigualdades sociales. Y uno
se pregunta, ¿quién inició toda esta escalada de desigualdad social? ¿Y quién
ha continuado profundizando en ese proceso? Y ahora, ambos pretenden dar un
giro de 360 grados en sus políticas, cuando todos sabemos que eso significa
dejarnos tal como estamos. ¿Por qué nos siguen mintiendo? No tienen
credibilidad.
Ya veremos cómo tras el proceso
electoral, en pocas semanas, nos anunciarán más austeridad y más recortes que
profundizarán todavía más en las desigualdades. Tiempo al tiempo.
Por otra parte, parece como si
los ciudadanos hubiéramos trasladado a la política los comportamientos de los
hinchas futbolísticos, incluyendo las bufandas y banderolas. Mi equipo lo hará
bien o lo hará muy mal, pero es mi equipo y nunca lo abandonaré aunque me hunda
en la miseria. Y lo están consiguiendo: la férrea fidelidad de muchos a su
equipo (PP-PSOE) les ha hundido en la miseria; pero siguen muy fieles, aclamándole
y votándole cada vez que haga falta. ¡Viva las caenas!
No obstante, seguimos creyendo en
la construcción europea, pues como ha escrito Sami Naïr en El País, “la Europa
de los pueblos supera a la Europa del negocio y del mercado, por lo que hay que
seguir luchando por otra Europa más humana y más solidaria.”
Por tanto, insistimos en que
debemos votar para doblegar democráticamente a las élites políticas y
financieras. Es evidente que el margen de actuación popular es muy estrecho,
pero hay que aprovecharlo al máximo para hacerle entender a los responsables
europeos que otra Europa, la Europa de los ciudadanos es posible. Juntos,
podemos.
Sin embargo, tenemos que ser
realistas. El resultado de las elecciones en las que triunfará la abstención,
dejará el escenario político europeo más o menos como está, salvo algunas
novedades por la ultraderecha y el surgimiento de otras pequeñas
organizaciones. Uno está convencido, incluso, de que no es descartable la
formación de la gran coalición bipartidista, estilo Alemania, pero a nivel de
la UE, si las matemáticas parlamentarias así lo aconsejaran.
A pesar de todo, debemos acudir a
votar el próximo domingo. Y que los fuegos artificiales de la noche anterior,
tras la disputa de la final de la Champions, no nos deslumbren ni nos confundan
en el momento de elegir la papeleta adecuada.
*Fernando T. Romero es miembro de la Mesa de Roque Aguayro.
