La vistosa planta Rabo de Gato está acaparando la atención, el respeto y la preocupación de todos quienes la contemplan, ya que es una especie invasora (Pennisetum setaceum) de la familia de las gramíneas y de rápido crecimiento que podemos ver a lo largo de todo el año por su extraordinaria adaptación germinatoria muy factible para toda clase de terrenos superficiales y abruptos, incluso los montañosos.
Esta planta procede del continente africano y sus semillas la trajeron a las islas, hacia la mitad del pasado siglo XX, como planta ornamental por su singular atractivo, aunque como decíamos al principio, es una planta invasora muy resistente que multiplica sus dominios, ahogando a las demás plantas silvestres y autóctonas dado su estilo defensivo y ofensivo que se adapta a cualquier clima.
Esta peligrosa planta está llenando los campos, barrancos, ladera y montañas de Canarias, preocupando especialmente cuando está seca por los posibles riesgos de incendios, como ha sucedido en varias ocasiones.
En muchos municipios canarios, especialmente en Tenerife, colectivos, voluntarios y asociaciones de ecologistas hacen batidas para reducir y eliminarla en campos, barrancos y montañas con escaso éxito de llegar a su fin porque su semilla está por todas partes, ya que una sola planta puede producir entre ocho y diez mil semillas que hacen que su vida se alargue entre 15 y 25 años.
Un hecho significativo del Rabo de Gato lo encontramos en La Palma, concretamente en su capital y zonas aledañas, donde abunda considerablemente en carreteras, pendientes, laderas y montañas. Lo mismo sucede en varios municipios de Tenerife y Gran Canaria, donde prolifera también en barrancos, laderas, montañas y en los bordes de las carreteras y en la zona turística de Maspalomas (San Bartolomé de Tirajana), donde existe una gran inquietud ante la expansión de esta temida planta y cuya germinación y crecimiento no deja crecer a las demás plantas propias de la zona.
Asimismo, llama poderosamente la atención en el barranco canalizado de la zona industrial de Arinaga, donde esta planta lo cubre en la mayor parte de su cauce. Hace unos años, cuando las plantas se encontraban en secano, ardió una parte de este barranco, poniendo en peligro las numerosas naves cercanas.
Tenemos, por tanto, ante esta planta una preocupación continua porque, de no llegar a su control o eliminación, destrozará y, al mismo tiempo, reinará a sus anchas en el suelo de Canarias.
*Antonio Estupiñán es ex-decano de los corresponsales de la prensa escrita en Canarias y colaborador de medios digitales. (www.antonioestupinan.com)
