16 de junio de 2022

Opinión: Es la lucha de clases de siempre

 Jueves, 16 de junio.

Fernando Romero

Resulta evidente que lo que está emergiendo con fuerza y nitidez en nuestra sociedad es la lucha de clases. La de siempre, la de toda la vida, la que lleva siglos y siglos en continuo movimiento: un paso para adelante y dos para atrás. Y eso, a pesar de que algún/a insigne dirigente político/a autonómico conservador/a ha negado, hace poco tiempo y de forma interesada, la existencia misma de las clases sociales.
Algunos defensores del sistema opinan que no puede ser que un trabajador gane una cantidad determinada al mes y un jubilado supere dicha cantidad. Otros subrayan que los jóvenes no entienden que se suban las pensiones de personas que tienen ya su casa pagada, mientras la juventud no puede pagar el alquiler.
Sin embargo, como ha escrito la escritora de origen marroquí Meryem  El Mehdati: “Nunca escuchamos a nadie señalar a los verdaderos responsables de la ruptura que amenaza con producirse en cualquier momento en este país. La culpa no es de los jubilados ni de los trabajadores (en cualquiera de sus categorías laborales) ni de los inmigrantes.”
Y continúa: “Siendo sinceros, deberíamos preguntarnos ¿a quién beneficia que cientos de millones de personas en todo el mundo se enfrenten entre sí por las migajas de un pequeñísimo trozo del pastel?”. Seamos conscientes: los que mueven los hilos provocan el enfrentamiento entre los de abajo para que ganen siempre los de arriba.
Si en este mundo hay más pobres que ricos, ¿quién es el enemigo natural del trabajador? ¿Un pensionista, otro trabajador, los jóvenes, los inmigrantes? Sabemos que el pastel es muy grande. Y sabemos que existe, ya que nos lo confirman y restriegan constantemente a través de las noticias, en los medios de comunicación y en las redes sociales.
Los niños pequeños se aferran a una única pregunta cuando empiezan a interesarse por lo que les rodea: ¿Por qué? Probemos también nosotros a cuestionarnos, de vez en cuando, todo lo que se nos da como lógico. Desde pequeños se nos presenta el reto de luchar por una ilusión que, con los años, en buena medida se transforma para muchos en un espejismo.
¿Por qué casi nunca se nos dice que cuanto mayor es el grado de desigualdad existente entre las personas, mayor será la inestabilidad de la sociedad? ¿Por qué si no somos perezosos, ni vagos ni holgazanes, no conseguimos hacernos ricos? Se supone que las claves del éxito son el trabajo duro y el tesón. ¿No tendríamos, entonces, que estar la mayoría de las personas en una situación mucho más confortable?
Sin embargo, pasan los años y el cachito de pastel por el que nos peleamos, cada vez es más pequeño. Es por ello, que no debe importarnos que un jubilado esté cobrando una pensión teniendo una casa en propiedad (conseguida, por otra parte, con su propio esfuerzo durante años), ni tampoco debemos promover ni aceptar el enfrentamiento entre los propios trabajadores.
No obstante, de manera inteligente, unos pocos con mucho poder están provocando permanentemente el enfrentamiento entre los trabajadores, los pensionistas, los jóvenes y los inmigrantes. Y sólo por las migajas. Es el “divide y vencerás” de toda la vida. No les sigamos el juego.
En conclusión, no estamos ante una batalla generacional ni ante un enfrentamiento entre los trabajadores, pensionistas, etc. Se trata de una versión actualizada de la lucha de clases de siempre.