| Ciudadanos chipriotas protestan en el "corralito" impuesto al país |
Roque Aguayro
En una vuelta de tuerca más en contra la democracia, la soberanía de los países y de los ciudadanos más débiles y desprotegidos, Ángela Merkel, el Fondo Monetario Internacional y el Eurogrupo han decidido imponer a los ciudadanos de Chipre que les sean confiscados una parte de sus ahorros depositados en los bancos.
La medida, que se suma a los recortes y ajustes que la Troika impone cada día a distintos países europeos y que no está haciendo sino aumentar el desempleo y la pobreza, establecía, en un principio, que el Estado chipriota se apropiara del 6,75% de los depósitos inferiores a 100.000 euros y con el 9,9% cuando se sobrepase esa cifra, para conseguir 5.800 millones de euros destinados a sanear a sus entidades financieras.
Como ha pasado en Irlanda, Portugal, Grecia, España, etc., prevén que sean los ciudadanos de a pie los que asuman sobre sus espaldas el coste del rescate de un sistema financiero que nos llevó a la situación en la que nos encontramos de crisis y desesperación. En el momento de escribir esta nota, todo parece apuntar a que tras la caída de la Bolsa, la subida de la prima de riesgo en distintos países y la indignación popular, la Unión Europea ha pedido al Gobierno de Chipre que se lo piense y solo grave a los ahorros de más de 100.000 euros. Veremos que sucede.
Una vez más salen de rositas los gobernantes que no supieron poner coto a los desmanes de la banca y los responsables de las entidades bancarias, mientras que los ciudadanos, a los que se han congelado sus cuentas, se ven abocados a perder una parte de sus ahorros.
Estamos ante una insoportable injusticia, pero también ante una decisión que abre las puertas a posibles actuaciones en otros países. Se profundiza de nuevo en la inseguridad y el miedo de los ciudadanos frente a unos gobiernos convertidos en títeres de los grandes poderes económicos. Y es que cuando las barbas de tus vecinos veas pelar...
Roque Aguayro insite en exigir la ruptura de la dependencia del Gobierno y del PP de los sistemas financieros y de las políticas neoconservadoras para poner en marcha un proceso que libere a las instituciones, la política y la ciudadanía. Es preciso que no renunciemos a defender en la calle y en las instituciones un modelo económico y político distinto. Si un pueblo tiene miedo a las decisiones de su Gobierno, es que estamos ante una dictadura, pero si un Gobierno tiene respeto a su pueblo, entonces estamos ante una democracia. Eso es lo que queremos y defendemos. No debemos seguir soportando más arbitrariedades.