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| Momento en el que se producía el traslado del cadáver de Jordi Burón, el pasado día 13 de julio de 2013, en su chalé de la Playa de Arinaga |
La Provincia
Un jurado popular será finalmente el que juzgue a la viguesa Arantxa Amoedo, de 24 años, acusada de asesinar a su pareja, el empresario catalán Jordi Burón, a finales de junio de 2013 en la Playa de Arinaga, y que convivió casi 20 días con el cadáver.
Un jurado popular será finalmente el que juzgue a la viguesa Arantxa Amoedo, de 24 años, acusada de asesinar a su pareja, el empresario catalán Jordi Burón, a finales de junio de 2013 en la Playa de Arinaga, y que convivió casi 20 días con el cadáver.
El abogado de la víctima espera que en un mes y medio se produzca una nueva comparecencia y el juicio lo haga en junio. "El proceso está bastante avanzado y esperamos que el juicio se realice, en cualquier caso, durante este año", expresó esta semana el letrado José María López Arias, que señaló también que "aunque en un principio se calificaba la muerte como homicidio, ahora la fiscal lo cataloga de asesinato".
El juicio contra Arantxa Amoedo, que se encuentra en prisión provisional en el Centro Penitenciario Las Palmas II, está pendiente que el Juzgado de Instrucción de Telde reciba los últimos análisis de nos restos de sangre hallados en una toalla en el chalé de Arinaga.
La fiscal Teseida García y la acusación particular, que representa a la familia Burón, comunicaron a la jueza Virginia Peña en la última vista que impute a la joven un delito de asesinato, penado con entre 15 y 20 años de prisión, ya que la víctima "no tuvo capacidad alguna para defenderse". En cambio, los letrados José María Palomino y Daniel Montesdeoca, que representan a la acusada, reclaman que se le impute un homicidio imprudente con la mínima pena posible. Ambos, además de alegar que actuó en defensa propia, apuntan que la joven padece importantes problemas psíquicos.
Arantxa Amoedo no es la única que se sentará en el banquillo, pues Tania D.S., una íntima amiga suya que permanece en libertad y con quien la viguesa aseguró que mantenía una relación sentimental, está imputada por un delito de encubrimiento.
Jordi Burón falleció en su dormitorio, pero el cadáver fue encontrado en el garaje de su chalé, por lo que fiscal y acusación particular sostienen que Tania D.S. ayudó a su amiga a trasladar el cuerpo. Bajo el cadáver se encontró un guante con restos suyos de ADN. En cambio, su abogado defensor asegura que desconocía el crimen y niega su participación en la ocultación del cadáver, atribuyendo que esos restos biológicos pudieron ser transferidos durante un encuentro amoroso.
Las acusaciones creen que, de acuerdo a los informes forenses, Arantxa Amoedo convivió casi 20 días con el cadáver de su pareja, pues la muerte se ha fijado entre los días 22 y 23 de junio y fue encontrado el 13 de julio de 2013 tras una llamada a la Guardia Civil.
Arantxa Amoedo solo confesó el crimen en un primer momento, guardando posteriormente silencio en toda la instrucción judicial. Esta confesión puede ser un atenuante para la acusada, aunque si se confirma que el empresario no pudo defenderse porque el ataque se produjo cuando dormía, puede convertirse en un agravante.
Sus abogados, por su parte, argumentan que lo mató en legítima defensa, "ya que el hombre estaba borracho y trató de forzarla sexualmente". Incluso van más allá y apuntan tortuosos y dolorosos juegos sexuales que, según la acusada, le gustaba practicar a la víctima con ella. Este habría sido el motivo de una primera ruptura de la pareja en Cataluña, donde se conocieron a través de Badoo.
La acusada se volvió a Vigo, pero más tarde reanudaron la relación y se trasladaron a vivir a la calle Alcalá Galiano de la Playa de Arinaga, donde el cuerpo de Jordi Burón, que en los últimos años estuvo residiendo en otro punto de Agüimes y en la provincia de la que era originario, apareció en la planta inferior de la edificación, bajo rasante, sobre un gran charco de una sustancia, al parecer viscosa, de la que emanaba un fuerte hedor.
El hecho que en los primeros días de julio de 2013 aumentasen las temperaturas en el Sureste de la isla, con picos de 36 grados en Agüimes, unido al proceso de descomposición del cadáver y la llegada del viento, propiciaron que fuesen algunos vecinos los que diesen la voz de alarma al detectar un olor nauseabundo.
